Lux Nova: La Nueva Eva

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El Claustro de San Agustín abre sus salas y su jardín poscolonial a dos exposiciones que dialogan entre sí desde distintas dimensiones de lo sagrado vivo, lo femenino y lo originario: LUX NOVA: LA NUEVA EVA, con obras de Luz Lizarazo y Jacqueline Nova, y EL OJO DEL JAGUAR: COSMOGONÍAS, instalación audiovisual de Diego Samper.

La primera, comisionada por la Dirección de Patrimonio Cultural de la Universidad Nacional de Colombia en el marco de su programa de Ecofeminismos, reúne un mural al fresco -realizado con cal y pigmentos- y una instalación lumínica en forma de serpiente, acompañadas desde el jardín por la pieza radiofónica La creación de la tierra (1972), de Jacqueline Nova.

En el segundo piso, la exhibición de Samper prolonga el programa Celebración del Reino Vegetal – La Nación de las Plantas y condensa 50 años de trabajo en un dispositivo que integra obra audiovisual, instalación sonora y un canto final en lengua yucuna. Bajo la curaduría de María Belén Sáez de Ibarra, ambas exposiciones se presentan como gestos de memoria y resistencia en tiempos de crisis climática y de urgencia ética. La inauguración será el sábado 27 de septiembre, a las 11:00 a.m., en el Claustro de San Agustín UNAL, en el marco de ARTBO 2025. Entrada libre.

«La Nueva Eva no está sometida, ni nace de una costilla, ni tiene permiso de nacer de un patriarca. Está presente en toda la vida del ecosistema, en las plantas, en el cacao sagrado, en el sol, en las estrellas,es animal, es insecto, es flor, es aire, es fuego, es tierra».

María Belén Sáez de Ibarra, texto curatorial

En el corazón del claustro colonial, Luz Lizarazo reescribe los mitos de origen desde una perspectiva feminista radical. LUX NOVA: LA NUEVA EVA despliega un mural al fresco que, en diálogo con la técnica ancestral de cal y pigmentos, se libera de las imposiciones judeocristianas para invocar a una Nueva Eva: autónoma, rebelde y cósmica. No nace de una costilla ni de un mandato patriarcal, sino de la vibración misma del universo. Su cuerpo se funde con las plantas, el cacao sagrado, el maíz, las aves, los insectos y los astros; es tierra, aire, fuego y agua en continua metamorfosis.

La obra se expande con una instalación lumínica: una serpiente construida con caperuzas de lámparas domésticas, que palpita como fuerza vital en el espacio del Claustro. Más allá del símbolo bíblico del pecado, aquí la serpiente resplandece como potencia espiritual y de renacimiento, vinculada a cosmogonías indígenas. Su sencillez recuerda el confinamiento histórico de las mujeres en lo doméstico, mientras brilla, palpita y respira reclamando su lugar público.

En el contrajardín, el recorrido se entrelaza con los sonidos de La creación de la tierra (1972), la pieza electroacústica más reconocida de la compositora colombiana Jacqueline Nova (1935–1975), pionera del feminismo y el postcolonialismo sonoro en América Latina. Basada en los cantos U’wa transformados electrónicamente, esta pieza hipnótica y explosiva evoca el origen cósmico y mineral de la creación de la tierra como un acto en presente.

Un mismo horizonte

Ambas exposiciones se presentan como actos de memoria y resistencia frente a la crisis climática y la urgencia ética de nuestro tiempo. LUX NOVA: LA NUEVA EVA abre un horizonte feminista; EL OJO DEL JAGUAR COSMOGONÍAS convoca a una conciencia ecológica y espiritual que reconoce en la selva verde el mayor patrimonio de la humanidad. En el Claustro de San Agustín, espacio cargado de historia colonial, estas obras se despliegan como contrarrituales: inscripciones del presente que reescriben los relatos de origen, cosmogonía y pertenencia.

Luz Lizarazo

Luz Lizarazo es artista visual colombiana. Estudió Artes en la Universidad de los Andes y en la Escuela de Bellas Artes de París. Vivió cerca de diez años en Madrid, donde continuó su formación y consolidó su trayectoria internacional. Su trabajo abarca dibujo, pintura, acuarela, bordado, escultura e instalaciones, y ha sido presentado en exposiciones individuales en Colombia y en el exterior, además de numerosas muestras colectivas desde la década de 1990. En los últimos años, su práctica se ha definido por una perspectiva feminista que atraviesa y resignifica sus proyectos artísticos.