
- Viernes 9 de febrero de 2024 — 3:00 p.m. / Sábado 10 de febrero de 2024 — 4:00 p.m.
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- Entrada libre hasta completar aforo
- Avenida Carrera 30 # 45‑03 Ed. 104 - Bogotá, D.C., Colombia.
- Entrada vehicular por la calle 53.
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PROGRAMA
» Mario Posada Torres — «Macondo» – Poema sinfónico
» Sergei Rachmaninoff — Concierto para piano y orquesta n.º 2 en Do menor
» Piotr Ilich Tchaikovsky — Sinfonía n.º 6, Op.74 – «Patética»
En su trabajo conjunto por la música, la Orquesta Filarmónica de Bogotá y el Auditorio León de Greiff UNAL presentan
LA MAGIA DEL PIANO DE STEFAN LINDGREN
Solista: Stefan Lindgren — piano
Director: Joachim Gustafsson
Más de 40 años de cooperación por la música entre la Orquesta Filarmónica de Bogotá y el Auditorio León de Greiff UNAL
La magia del piano del artista sueco Stefan Lindgren, —acompañado de la Orquesta Filarmónica de Bogotá—, bajo la batuta del maestro Joachim Gustafsson, se apreció con la interpretación de obras Mario Posada, Sergei Rachmaninoff y Piotr Ilich Tchaikovsky.
NOTAS AL PROGRAMA
El compositor, director y violinista colombiano Mario Posada Torres nació en Bogotá, donde realizó sus estudios académicos. A los diez años, los de violín, continuándolos en el Conservatorio Nacional, y años más tarde, por beca de estudios generales de la Manhattan School of Music de Nueva York, junto con los de Dirección Orquestal.
Miembro de la Orquesta Sinfónica de Colombia, de la Manhattan Symphony Orchestra y de la National Symphony Orchestra del Carnegie Hall de Nueva York. Ha realizado recitales en Nueva York y ciclos con los pianistas Harold Martina, Arnaldo García, Andrés Lineros, Elvia Mendoza, Julia Villaveces y Andrés Riveros.
Cofundador de la Orquesta Filarmónica de Bogotá, Concertino y Director de la misma agrupación (1968 – 1972). Fundador y Director de la Orquesta Pro-Música de Bogotá, con la que realizó dos memorables giras de conciertos por Europa, presentando obras colombianas y de Iberoamérica (1982, 1985).
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Es presidente de la Fundación Promúsica. Director del Festival Musical de las Américas en Colombia y director de la Orquesta Filarmónica de las Américas, agrupación con la que estrenó su Poema Sinfónico-Cumbia “Macondo”.
En 1988 fue invitado al Festival Musical de La Habana, Cuba, donde dirigió la Sinfónica de ese país, conduciendo “Macondo” con éxito memorable. En 2023, la Orquesta Filarmónica de Cámara, junto a integrantes de la Filarmónica de Bogotá, estrenó su Sinfonía Rapsódica “Américas”.
La actividad compositiva de Posada Torres comprende poemas sinfónicos, cantatas, corales, ballets, sonatas, música de cámara, ópera, sinfonía, rapsodia, conciertos y música vocal.
Reflexiones del compositor Mario Posada Torres sobre su obra
La cumbia sinfónica surgió como una necesidad de expresar los cantos negros y mulatos del ancestro costeño, escuchados desde la infancia, de labios del abuelo. Más tarde, dicha obra se transformó en “Macondo” como poema sinfónico, dedicado al creador de este mito, Gabriel García Márquez, “poeta de la magia y de la realidad”.
La obra podría estar enmarcada dentro de los cánones de la forma sonata. No obstante, la intensión inicial del autor fue la de componer una obra totalmente libre en su desarrollo, la cual describe una cumbiamba, que viene desde muy lejos, que se acerca muy lentamente, poco a poco, hasta hacerse palpable auditiva y visualmente. Entonces “la cumbia prende candelas”, mientras las parejas danzan en forma alucinada.
Los temas se suceden, expuestos primero por los violines, en contrapunto con maderas y metales, mientras las cuerdas realizan el contra-canto, todo ello al compás del ostinato de la percusión, la cual desarrolla el ritmo a través de los instrumentos característicos: maracas, guacharacas, congas, bombo, bongós, maracón y timbales.
Precediendo la coda (cola) se escucha un canto de maderas y trompetas, que imita las gaitas del litoral. Los violines ejecutan una variante del tema principal, llegado al Tutti, que continúa en crescendo para ejecutar el clímax, expuesto por los metales, respondiendo al tema principal, el cual conduce al calderón, forte fortissimo, con el que concluye la obra.
La partitura ha sido revisada y adicionada desde su estreno, a fin de que ahora, ella pueda tener “una segunda oportunidad sobre la tierra”.
Por: Ellie Anne Duque
Del rico repertorio romántico de conciertos para piano y orquesta el público ha señalado dos como favoritos: el primero de Tchaikovsky y el segundo de Rachmaninoff. Las dos obras demuestran que sus compositores supieron integrar magistralmente los ingredientes propios de la era romántica del siglo XIX con una técnica pianística de gran virtuosismo, una rica inspiración melódica y una compenetración íntima y dramática entre la orquesta y el instrumento solista.
La obra musical de Rachmaninoff es considerada como una expresión tardía del romanticismo ruso, no sólo por su fuerza expresiva, sino por el colorido sonoro y el altísimo nivel técnico requerido para su interpretación. Compuso el Segundo concierto para piano estando aún en su Rusia natal (1901) en condiciones muy particulares y propias de un compositor de imagen romántica.
Según la anécdota, Rachmaninoff realizó una visita al escritor Tolstoi en compañía del Bajo Chaliapin (Rachmaninoff admiraba al escritor por su novela, Ana Karenina) y después de interpretar algunas de sus obras ante el escritor, él hizo comentarios peyorativos acerca de lo escuchado y manifestó su preferencia por la música folclórica. La reacción de Tolstoi sumió a Rachmaninoff en un prolongado periodo depresivo (uno de tantos a lo largo de su vida) del cual salió con ayuda de un médico psiquiatra y músico a quien dedico su concierto en do menor para piano.
Si bien el concierto no refleja la anécdota en particular, nos permite asomarnos al mundo sensible del compositor, expresado musicalmente en pasajes conmovedores. A partir del año de composición del Segundo concierto para piano, Rachmaninoff afianzó considerablemente su trabajo como compositor. Llegó a destacarse con igual éxito como pianista, compositor y director.
Los tres movimientos que componen la obra guardan estrecha relación entre sí. Por una parte, el ambiente del concierto es de gran lirismo en sus tres secciones, las que a su vez tienen relaciones temáticas entre sí. De acuerdo con el estilo del siglo XIX, el piano se integra a la sonoridad orquestal, confundiéndose a menudo con su acompañante, pero surgiendo como solista gracias al virtuosismo de su discurso.
En el Concierto se reconoce el gusto de Rachmaninoff por las armonías enriquecidas y suntuosas al servicio de temas extensos e inspirados, como el que inicia la obra misma. Los gestos ampulosos predominan en los pasajes lentos y motivos se entretienen de manera fluida.
Por: Julián Montaña
La “Sinfonía No. 6 en Si menor Op. 74” de Piotr Ilyich Tchaikovsky (1840-1893) también es conocida como “La Patética”. Una composición que nació de un fuerte impulso creativo. El mismo compositor se lo confesó a Bob Davidov (su sobrino, a quien está dedicada la obra) cuando en 1893 le contó que estaba trabajando en una nueva sinfonía con mucha fogosidad hasta el punto de que solo le había tomado cuatro días en componer los bosquejos del primer movimiento (este dura casi veinte minutos) y que los restantes estaban ya definidos en su mente.
A su hermano Modest le escribió que la sinfonía debería ser llamada “Sinfonía programática (No. 6), Symphonie à Programme (No. 6), Eine Programm Symphonie (No. 6)”, y añade, “el tema está cargado de un sentimiento subjetivo, y muchas veces… mientras la creo en mi mente, he llorado. (…) No hable de esto a nadie”. Finalmente, el título de “Sinfonía programática” le pareció ridículo y se decantó más por el de “Sinfonía Patética”, una sugerencia de Modest.
El año de 1893 había comenzado de una manera extraña; con varios momentos flacos. Su ballet “Cascanueces” no había sido bien recibido. Una sinfonía que había comenzado el año anterior no había tomado forma. Y, además, aún estaba afectado por la terminación repentina de la relación con su entusiasta patrocinadora, Nadezhda von Meck, quien fuera su gran apoyo económico, y también la persona que lo acogió y le brindó refugio en momentos circunstancialmente complejos.
La “Sinfonía No. 6 en Si menor Op. 74” fue estrenada el 28 de octubre de 1893, dos meses después de haberla terminado. El concierto de estreno, que fue dirigido por el propio compositor, se realizó ocho días antes de morir y fue la última aparición de Tchaikovsky en el escenario. Su muerte aún es controversial. Algunos afirman que su deceso por el cólera no fue accidental y que fue realmente envenenado.
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Notas tomadas del programa de mano de la Orquesta Filarmónica de Bogotá
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